Lucas, sentado en un sky negro de terciopelo no paraba de tocarse, yo a su vez no podía dejar de cabalgar mientras otro cuerpo increíble me agarraba del pelo para que no parase de hacerlo.
Antes de sumergirme en los detalles de lo que sucedió en esa maravillosa suite, permitirme que os lleve al inicio de todo, cuando las primeras señales de cambio comenzaron a asomarse en nuestro matrimonio. Mi marido, Lucas, llevaba semanas insinuándome sus fantasías más íntimas. Al principio, lo tomé como simples ocurrencias pasajeras, pero con el tiempo noté que cada palabra, cada mirada, escondía algo más. Lo curioso es que, aunque no hablábamos de ello abiertamente, nuestras fantasías eran más similares de lo que imaginábamos, solo que jugábamos con roles opuestos.
Como narré anteriormente, siempre tuve una cierta curiosidad hacia otras mujeres. Mi primera experiencia con una chica fue inolvidable, y ese recuerdo quedó latente en mí como un secreto cálido que Lucas conocía. Él, siempre atento y respetuoso, lo tuvo presente cuando un día, con una sonrisa cómplice, me propuso algo que jamás habría imaginado.
Nuestra conexión a LUXXU cambió todo. Fue como abrir una puerta a un mundo nuevo, lleno de posibilidades que nunca creí al alcance. Redescubrimos una chispa en nuestro matrimonio que, aunque no estaba apagada, había comenzado a achicarse con el tiempo. Si algo aprendí de esa etapa es que, cuando sientas que falta algo en tu relación, hablarlo puede ser el primer paso hacia un cambio profundo y emocionante.
Así llegamos a esa noche que jamás olvidaré. Lucas, siempre tan meticuloso, lo organizó todo de forma impecable. Desde el principio, dejamos claro que todo debía ser consensuado y cómodo para ambos. Después de muchas conversaciones y fantasías compartidas, conocimos a Frederic y Karl, dos hombres que no solo cumplían nuestras expectativas, sino que las superaban. Bailarines profesionales de una renombrada escuela en Oslo, sus cuerpos parecían esculpidos por los dioses, una combinación de fuerza y gracia que los hacía irresistibles.
Nuestra primera reunión fue en una cafetería de la ciudad. Charlamos durante horas, compartiendo anécdotas, expectativas y nervios. Lo que más me sorprendió fue lo fácil que todo fluyó. Sus fantasías se alineaban con las nuestras, y en lugar de sentirme cohibida, sentí una conexión inmediata, una mezcla de química y confianza que me dio la seguridad para dar el siguiente paso.
El gran día llegó un 17 de diciembre, una fecha que siempre quedará grabada en mi memoria. Lucas eligió un glamuroso hotel en el corazón de la capital. Desde el momento en que cruzamos las puertas del lugar, supe que todo sería perfecto. Mi atuendo había sido cuidadosamente elegido: un conjunto lencero negro de satén con encajes, tan elegante como provocador, oculto bajo un mini vestido rojo de corte Audrey Hepburn que abrazaba mis curvas y resaltaba cada detalle de mi figura. Completé el look con unos tacones negros que me hacían sentir poderosa y sensual. Lucas, por su parte, lucía impecable en su traje negro con camisa blanca, un contraste perfecto que hacía latir mi corazón más rápido.
Cuando llegamos a la suite, Lucas sacó un antifaz negro de seda de su bolsillo. Con una sonrisa, me lo colocó suavemente sobre los ojos, sus dedos acariciando mi rostro. Mi respiración se aceleró, y aunque no podía ver, podía sentir la cálida luz de las velas traspasando ligeramente la tela del antifaz. La mezcla de misterio y expectativa me hacía vibrar. Lucas tomó mi mano con firmeza, guiándome hacia la habitación principal, asegurándose de que en todo momento me sintiera segura.
Al entrar, un par de manos distintas comenzaron a rozar mi piel. Eran firmes pero delicadas, explorando mis brazos, mi cintura, como si quisieran memorizar cada centímetro de mí. La música sensual que sonaba de fondo parecía sincronizarse con los latidos de mi corazón. Frederic y Karl habían decorado la habitación con un gusto exquisito: velas aromáticas, pétalos de rosas esparcidos por el suelo y una cama amplia con sábanas de seda que invitaban al desenfreno.
Lucas me guió hasta la cama y, con un gesto suave, me indicó que me sentara. Mientras lo hacía, sentí cómo Karl desataba lentamente el antifaz. Al abrir los ojos, la escena que se desplegó ante mí era casi irreal. Lucas estaba arrodillado frente a mí, quitándome los zapatos con delicadeza, mientras susurraba con voz grave y segura:
—Túmbate, en la cama. Esta noche tú eres la protagonista, y yo seré un espectador privilegiado.
Sus palabras me hicieron sentir deseada, empoderada. Sin dudarlo, me recosté en la cama, dejando que el momento me envolviera. Frederic y Karl se acercaron con movimientos suaves pero decididos. Frederic tomó mis manos y entrelazó unas suaves cuerdas a ellas, que a su vez se atarían al extremo de la cama. Mientras Karl desabrochaba lentamente mi vestido para poder quitármelo. Lucas se sentó en un sky negro de terciopelo cercano, observando con una mirada mezclada de orgullo y deseo.
De pronto, mi marido le pidió a Frederic a deslizase su mano lentamente por todo mi cuerpo, mientras Karl me besaba con voluptuosidad. Yo cada vez estaba más y más excitada, mi cuerpo quería más y más. Así que sin más dilación ambos decidieron soltarme, comencé a besar sus cuerpos esculturales mientras ellos me tocaban como si de una muñeca frágil se tratara, lo primero que hice fue bajar mi boca hacia la entrepierna de Karl, mientras Frederic bajaba mis braguitas y chupaba sus dedos para posteriormente introducirlos dentro de mí. Lucas no podía dejar de mirarme tanto es así que podía sentir su desmesurada excitación.
Automáticamente la escena fue subiendo nivel, tanto es así que acabé follando con los dos a la vez, siempre con la atenta mirada de Lucas.
Esto es solo el comienzo de una velada intensa y cargada de erotismo, una experiencia que viví con dos chicos fascinantes, mientras mi marido, Lucas, se encontraba a un lado, observando cada momento con una mezcla de deseo y complicidad.