EL RENACER DE VALERIA (PARTE I)

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octubre 23, 2024

¿Quién no ha soñado alguna vez en desaparecer y evadirse del mundo actual? Eso es justo lo que me ha pasado a mí, perdonarme que no me he presentado me llamo Valeria, cirujana cardióloga, esposa y madre de cuatro hijos adolescentes. Pues bien, como os comentaba llevo un tiempo intentando desaparecer y conocer nuevos horizontes ya que mi vida actual es una completa mierda, así que vamos al grano ahora os contaré el día en que mi marido me regalo la mejor experiencia de mi vida.

Era un 16 noviembre lluvioso y frio, yo estaba agotada debido a que no paraba de doblar turnos por culpa de mi jefe el cual estaba jodidamente enamorado de mi y yo le había dado calabazas en reiteradas ocasiones. Esa tarde mi turno terminó a las 17h así que me dispuse llegar a mi casa y pasar tiempo con mi familia, pero claro los días en el hospital eran eternos y había perdido totalmente el sentido de la realidad, mis hijos pasaban más tiempo en el colegio y en clases extraordinarias que en su propia casa y mi marido... que os voy a decir, el pobre se encargaba de todo. Ya ni recuerdo la última vez que echamos un polvo, o que el me despertaba comiéndome el coño hasta ver que mis partes se empapaban de puro placer. Todo se había enfriado tanto como un helado de hielo que cuando te lo quieres comer te duelen los dientes, pero nos amábamos como el primer día de eso estoy convencida.

Pues bien, ese día llegué a mi casa, todo estaba en silencio dentro se respiraba una paz increíble ya que no había nadie, así que me dispuse a llenar la bañera de mi cuarto de agua, encendí unas cuantas velas y abrí el mejor vino que tenía en mi casa, un rioja cosecha del 85.

Mientras la bañera se llenaba de agua decidí echarle unos maravillosos sales de baño con olor a vainilla y chocolate que me había regalo mi hermana el día de mi cumpleaños y que aún no los había probado. Para terminar de ambientar aún más mi zona de confort, conecté una música relajante que a su vez desprendía la mayor sensualidad jamás soñada.

Comencé a quitarme la ropa poco a poco, dentro de mi cuerpo sentía que la melodía me iba excitando cada vez más, me metí dentro de la bañera la cual incitaba al más puro placer, todo era maravilloso las sales de baño, el vino, las velas, la música, ya ni recordaba cuando fue la ultima vez que sentí esa paz dentro de mi cuerpo.

Ya estaba totalmente dentro de la bañera, poco a poco iba dando pequeños sorbos a ese maravilloso vino que dejaba en mi paladar el más suculento aroma jamás soñado. Solo podía pensar en la paz que estaba sintiendo, tanto era así que decidí ir tocando mi cuerpo poco a poco, mis manos iban palpando mis pechos a la vez que mis pezones se iban erizando, ya notaba como mi coño se estaba poniendo cada vez excitado y mojado y no precisamente por el agua de la bañera. Así que deslicé mis manos hacia mis partes las cuales mi marido siempre dijo que tenía el coño más bonito jamás visto y no es por nada, pero yo lo sabía, siempre me encargué de cuidarme mucho, tener una buena alimentación y mucho deporte.

Introduje mis dedos dentro de mí, muy poquito a poco, primero uno y luego otro, mientras con mi otra mano palpaba muy suavemente mi clítoris para mayor excitación. Madre mía me estaba poniendo muy cachonda no podía parar, lo que comenzó algo muy sutil acabó subiendo de tono cada vez más. De repente noto otra mano dentro de mí, era mi marido, me había estado observando mientras me masturbaba y el a su vez se había estado tocando. Yo lo miré con deseo para que no parase y juntos dejarnos llevar por una vorágine de placer, enseguida le dije que parase un momento para quitarle la ropa poco a poco y que así se metiese dentro de la bañera conmigo, una vez dentro comenzamos a besarnos de una manera brutal y desmedida, yo decidí deslizar mi lengua lentamente por su torso escultural hasta llegar hasta su tremendo miembro que estaba completamente erecto. Comencé a lamer cada parte de su polla como si fuese la primera vez, mi marido no paraba de gemir mientras me tocaba la cabeza para que no parara. De pronto el subió por mi entrepierna y comenzó a lamer mi clítoris succionándolo con mucha dulzura mientras yo no paraba de introducir mis dedos dentro de mí. De pronto una explosión de placer desmesurado recorrió todo mi cuerpo hasta que una lluvia de regocijo empapa a mi marido. ¡¡¡Dios que gusto!!! No podía parar de gritar de placer, a continuación, comencé de nuevo a comer el miembro de mi marido con movimientos ascendentes de arriba abajo y succionar su glande, de pronto comenzó a correrse dentro de mi boca como si de un volcán se tratase. Al terminar los dos nos abrazamos y nos besamos como hacia tiempo, los dos sentimos de nuevo esa complicidad y deseo que un día habíamos tenido.

Pero esto no termina aquí, quiero compartir con vosotros como poco a poco mi vida en pareja ha ido in crescendo y juntos hemos evolucionado como pareja. Por ello solo me queda decir.

Continuará…

  

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